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Carlos Frank tiene 41 años y es apicultor. Posee casi 250 colmenas. Nació y vivió en esta capital provincial hasta 2010. Casado y con hijos, luego se radicó en San Javier, a 155 kilómetros al nordeste de esta capital y desde hace algunos años en la zona de islas en el lugar recoge miel orgánica que, casi en su totalidad, exporta a Alemania.

A esa miel la comercializa con el nombre de «Don Zena», un producto que impulsa la provincia de Santa Fe con la certificación «Productos de Mi Tierra». El nombre del producto es un homenaje al abuelo de su esposa, a quien le decían Zenón en el pueblo. Por eso «Zena» es el nombre de su producción.

 

Los comienzos de Frank como apicultor no fueron simples y mucho menos parar lograr diferenciarse de la venta a granel que todos sus pares hacían. Probó diseñando cajas de madera para ingresar en el rubro de los regalos empresariales y agregando frutos secos a sus presentaciones.

 

-¿Cómo es el proceso de producción?

 

– Esa miel es envasada por las propias abejas. Se pone el frasco vacío, sin nada de cera, calzado sobre la cámara de cría. Luego las abejas empiezan a segregar la cera en el frasco, la cual al contacto con el aire se endurece y da lugar a diferentes formas hexagonales.

 

-¿Cómo fue su comienzo?

 

– Comencé en 2010. Vivía en Santa Fe, pero el destino quiso que llegara a San Javier. Comencé con amigos que me llevaron (a la actividad) y un primo de mi señora que me enseñó. Entré en contacto con la naturaleza y la apicultura pasó a ser parte de mi vida.

 

– ¿Te veías haciendo esto?

 

– Para nada. Mi familia tiene carpintería de muebles finos. El año pasado enfrentamos una crisis y eso me decidió a encarar este nicho económico y por casualidad porque se dio a partir de esa experiencia del familiar de mi esposa. Me gustó, me entusiasmó y encaré. El año pasado sacamos mucha miel.

 

– ¿Cuántos productores tienen este mismo perfil?

 

-Somos pocos los apicultores orgánicos. Solo somos seis en la zona. Al principio no teníamos mercado, pero ahora, con el auge de lo natural, logramos cerrar con un exportador de Buenos Aires que aprecia nuestro diferencial y paga por la calidad.

 

Las abejas recolectan néctar de la vegetación de las islas Las abejas recolectan néctar de la vegetación de las islas

-¿De qué flores recogen el néctar las abejas en las islas?

 

-Desde aromo, sauce, timbó, laurel de isla, hasta carquejas. Además, todos los años aparece una planta nueva por las semillas que trae una crecida. Yatay, la verdolaga. Hay variedades de flores. Todas son del lugar. No hay contaminación en las islas. Les puedo asegurar que el hombre no ha llegado con sus fumigaciones hasta estos lugares.

 

– ¿Y qué diferencias hay con apicultores de Chaco o Corrientes, por ejemplo? Ellos también tienen río e islas.

 

– Acá hay muchas islas. En mi caso he bautizado a una de ellas como Jazmín (por mi hija) y a otra El Sauce (por el arroyo que me lleva a ese lugar).

 

– ¿Cuántas colmenas trabajás?

 

– Entre 200 y 250. Es un número aceptable.

 

– ¿Hay contratiempos en la actividad?

 

– Siempre hay contratiempos. Por ejemplo, crecida del río, incendios. Año a año va cambiando. La actividad es compleja, depende mucho de la naturaleza.

 

– ¿Cuánto exportás?

 

– Por colmena y por año de 30 a 60 kilos. Lo entregamos a un exportador en Buenos Aires que se encarga de venderla. Nosotros no lo hacemos directamente. La mayoría va a Alemania. Pasa por todos los controles que exigen los organismos técnicos: que no tenga glifosato ni OGM (organismos genéticamente modificado), o alcaloides. Hasta ahora nunca dio. Controlan si no quedó residuo de algún antibiótico porque curamos las colmenas con productos orgánicos.

 

-¿La apicultura es rentable en estos momentos?

 

– Es una actividad que demanda mucho tiempo. No es fácil. La apicultura va mermando por varias razones. Los precios en la apicultura convencional son bajos. Nosotros tenemos una diferencia porque nuestro producto es orgánico. A ello debe sumarse el bajo consumo en la Argentina, que es de solo el 5% de lo que se produce. Por eso, el resto se exporta.

 

FUENTE: José E. Bordón – Diario La Nación

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