San Javier produce sílice de alta pureza desde cáscara de arroz
Un desarrollo científico que transforma un residuo de la industria arrocera en un producto de alto valor agregado ya llegó al mercado y tiene como protagonista al molino arrocero de San Javier. La empresa Risiera SRL comenzó a comercializar sílice de alta pureza obtenida a partir de la revalorización de la cáscara de arroz, un nanomaterial con múltiples aplicaciones industriales.
La tecnología fue desarrollada por un grupo de investigación de la Facultad de Ingeniería Química (FIQ) de la Universidad Nacional del Litoral y del Instituto de Investigaciones en Catálisis y Petroquímica (INCAPE, UNL-Conicet), con la participación de especialistas del INGAR (UTN-Conicet). El trabajo conjunto permitió articular la producción con Risiera SRL, una de las principales arroceras de la provincia, ubicada en San Javier.
La investigadora Betina Faroldi explicó que el proceso consiste en una secuencia de lavados y un tratamiento térmico que permite obtener dióxido de silicio de alta pureza. A partir de un kilo de arroz se generan 200 gramos de cáscara y cerca de 40 gramos de sílice con una pureza superior al 98%. Este material puede utilizarse como materia prima o aditivo en industrias como la cerámica, pinturas, adhesivos y vidrios, entre otras.
Desde la empresa, su socio gerente Pablo Bode destacó que lograron estabilizar la producción y escalar el desarrollo para salir al mercado con un producto competitivo. En la misma línea, el ingeniero químico Federico Mounier señaló que el próximo desafío es aumentar la capacidad productiva para abastecer una demanda creciente.
El proyecto no sólo aporta una solución ambiental al aprovechamiento del residuo arrocero en Santa Fe, sino que también fortalece la competitividad de la cadena productiva local y genera valor agregado en origen. Además, fue posible gracias a distintos programas de financiamiento provincial y universitario que permitieron construir una planta piloto y consolidar la tecnología.
La sílice obtenida tiene amplias aplicaciones en la vida cotidiana: se utiliza en alimentos como agente antiaglomerante, en la industria farmacéutica como excipiente y en productos como dentífricos, cosméticos, pinturas, cerámicas y vidrios. El caso del molino arrocero de San Javier se presenta así como un ejemplo de innovación productiva que integra ciencia, industria y desarrollo regional.
