ESPERANZA EN INVIERNO, ENTREGA EN PRIMAVERA Y COMUNIÓN ENTRE EN LAS PERSONAS

REFLEXIÓN DEL SACERDOTE SANJAVIERINO MARCELO BLANCHE.

No faltan marchas ni contramarchas, a favor y en contra, con debates y polémicas que llenan los espacios televisivos, intentando mostrar cual sería la postura más favorable para los argentinos. Desde distintos sectores se escuchan voces que, apelando a enseñanzas, teorías y doctrinas buscan fundamentar sus proyectos, defender sus ideas y, en muchos casos, silenciar al que piensa distinto.

La historia no es ajena a estos acontecimientos y, siendo fiel testigo de hechos y personas, ofrece su memoria para mirar hacia atrás descubriendo aquellas raíces que no se pueden traicionar; comparte su tiempo para que, sin desesperación, busquemos esa verdad que libera; entrega el “hoy” como regalo para que seamos fuertes frente a la mentira y la injusticia; y finalmente nos invita a soñar con ese reino de justicia y paz que se va gestando en esta realidad.

Vuelvo la mirada hacia atrás, buscando en la historia ese silencio que se esconde en una persona, no para quedar oculto, sino para ser respuesta siempre actual, cuando la Verdad es buscada y reconocida para ser servida y honrada, sobre todo en aquellos que sufren injusticias y desprecios. Nos relata el evangelio: “Respondió Jesús: Sí, soy rey. Para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escuche mi voz. Le dice Pilato: ¿qué es la verdad?…” (Jn 18, 37-38).

Sin responder, el silencio de Jesús responde a la historia y en ella encontramos la respuesta a tantos atropellos, traiciones y humillaciones que, actualizados en muchas personas, invitan a ser testigos de la Verdad que, desde el silencio, se transforma en paciencia frente a las injusticias; serenidad ante la traición; fortaleza en la humillación y libertad en medio de la mentira. La fidelidad de Jesús ante la traición sufrida y el juicio lleno de mentiras, queda intacta al anticipar su entrega en el pan partido y compartido en la cena con sus discípulos, para que al ofrecer su vida “hasta la muerte y muerte de cruz”, y resucitar al tercer día, actualice cada gesto de comunión, donde la Verdad muestra todo su esplendor.

El eco del silencio de Jesús recorre los caminos de la historia que, cual fiel custodia, lo proteje y actualiza cuando el ruido, el barullo y la confusión parecen ahogarlo. En medio de tantas palabras y polémicas, hoy descubro ese silencio que comienza a mostrar la esperanza cuando todo parece caerse: lo encontré en el campo, lo encontré en la tierra, lo encontré en esa semilla que ya comenzó a germinar.

No quiero que la tentación de lo económico y la simple producción me impida ver la esperanza que comienza a mostrarse; no quiero que una polémica sobre las retenciones afecte el “fruto de la tierra y el trabajo del hombre” que día a día va cuidando el cultivo; no quiero que el afán de ganar se imponga al gesto solidario del compartir. Por eso quiero “escuchar el silencio” del campo.

La crudeza del invierno se percibe en tantas plantas, árboles y vegetales que, expuestos a las heladas, solo mantienen viva su raiz, quedando secos a la vista.

Desde la contemplación del campo, corremos el riesgo de caer en la tristeza y el desánimo si nos quedamos solo con la apariencia, pero si profundizamos en lo que se oculta, descubrimos que no todo está perdido; que la paciencia brindará la oportunidad de recoger los frutos que el tiempo traerá, a partir de esa raíz que se va alimentando para tomar fuerzas y ser la base de lo que vendrá.

La mirada del campo, también regala el verde de la esperanza en un cultivo que, con las heladas y el frío, va madurando, esperando el momento oportuno para la entrega. Dentro del panorama desolador del campo, el trigo mantiene el verde, que es esperanza de que pronto las espigas van a llegar para que con la con la donación de sus granos en la espiga, el “pan” invite a compartir una mesa de comunión.

Desde el silencio de un cultivo, que con su color, muestra la esperanza de que el fruto va a llegar, escucho el “silencio” de tantas personas que con su trabajo, entrega y sacrificio ofrecen lo mejor de sí para que en nuestra patria, el reino de Dios se vaya gestando.

Muchas cosas que suceden en nuestra querida Argentina nos asustan y desaniman; ese invierno que parece matar toda posibilidad de esperanza, quiere envolvernos. No quiero gritar ni defender algo. Solo quiero poder “escuchar el silencio” de ese “pan” que no tiene discursos; solo tiene la vida que se comparte, la verdad que libera y un camino a seguir.

El trigo de nuestros campos argentinos, tiene ese color verde de la esperanza en este crudo invierno; llegará el tiempo de la cosecha cuando el calor ayude a madurar el grano y, al hacerse pan, actualizará el misterio de la comunión entre las personas.

Los invito a la mesa, donde nadie queda afuera, todos tienen lugar y cada uno algo para compartir.

FUENTE: Sacerdote Sanjavierino Marcelo Blanche

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