DOMINGO DE PASCUA
La Pascua es el acontecimiento mayor en la vida de Jesucristo: «para esto he venido al mundo» (Jn. 18, 37), nos dice él mismo. No podemos comprender, por ello, a Jesucristo ni su relación con nosotros si no es desde su Pascua. San Pablo lo dice claramente: «Si Cristo no resucitó, es vana nuestra predicación y vana también la fe de ustedes» (1 Cor. 15, 14).Tampoco la Pascua es un premio futuro del que participaremos «el último día». Es algo actual, es decir, ya hemos resucitado con Cristo: «La vida cristiana es, gracias a la obra del Espíritu Santo, una participación en la muerte y en la Resurrección de Cristo» (C. I. C. 1002). Celebrar es actualizar la Pascua de Jesucristo.
Esta vida nueva de la Pascua comienza por la fe en Jesucristo y el Bautismo: «»En el bautismo, ustedes fueron sepultados con él, y con él resucitaron» (Col. 2, 12). Esta nueva realidad que se inicia en el bautismo, es un principio dinámico de vida y comunión con Jesucristo. ¿Qué significa esto para nosotros? Que a esta vida recibida en el bautismo la debemos mantener viva, esto es lo propio de la vida cristiana. Aquí cobra todo su valor la eucaristía como el sacramento que actualiza aquella gracia que recibimos en el bautismo. Ella es el alimento del cristiano. Esto nos hace ver la importancia de la comunidad cristiana como lugar donde celebramos la fe, y se actualiza la Pascua del Señor como alimento. La celebración de la Misa dominical no es una reunión social, sino nuestra participación hoy en la Pascua del Señor.
La Pascua tiene, además, una dimensión social que debemos comprender y asumir. La vida cristiana no es algo intimista o privado, ello no pertenece al proyecto de Jesucristo. Él no ha venido para quedarse encerrado en nosotros, sino para hacernos partícipes de su vida y de su misión en el mundo. Todo debe ser iluminado por él. Este es el sentido de aquella exhortación de san Pablo: «Todo es de ustedes, nos dice, pero ustedes son de Cristo como Cristo es de Dios» (1 Cor. 3, 22). En ese «todo es de ustedes», debemos incluir todo, nuestras relaciones, familia, trabajo, política, es decir, no hay nada que no debamos iluminar; pero hay algo que nos define en el mundo: «ustedes son de Cristo». Esta es nuestra primera tarea en el mundo. Por ello, cuando vemos la realidad de este mundo con sus heridas de pobreza, inseguridad, muerte, droga, atropellos a los derechos humanos, nos debemos preguntar: ¿la Pascua de Cristo es actual y visible? Este es el gran desafío de una fe comprometida con el proyecto de Jesús. Lejos de encerrarnos en nuestro pequeño mundo debemos salir, nos diría Francisco, para iluminar con la luz de Jesucristo este mundo. El compromiso social, como vemos, pertenece al ámbito de la Pascua del Señor. Somos ciudadanos y testigos de la vida de Jesús en este mundo.
Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.
Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz
