ALTERNATIVAS PRODUCTIVAS SIN AGROTÓXICOS
A partir de una ordenanza comunal que prohíbe la aplicación de agroquímicos a menos de 800 metros del casco urbano de la localidad de La Criolla, Departamento de San Justo, Santa Fe, algunos productores buscaron caminos alternativos para una producción sin su uso. Omar Antonizzi comenzó con el manejo de las pasturas naturales, incorporando el manejo de pastoreo rotativo racional intensivo, con una alta carga animal instantánea en pequeñas parcelas y en cortos períodos de pastoreo. De esta manera, promueve el aprovechamiento sustentable ya que cuida al mismo tiempo al animal, al pasto y al suelo.
“En poco tiempo, se ha recuperado la fertilidad del suelo, los índices productivos mejoraron, ya que aumentó la carga por hectárea”, explica el ingeniero agrónomo Federico Pognante, referente técnico de la Secretaría de Agricultura Familiar (SAF) de la Nación, quien acompaña a los productores en el proceso de transición agroecológica.
El equipo de especialistas visitó el predio de 20 hectáreas de Omar, quien se dedica a la agricultura y cría de ganado vacuno. “Volvimos a lo de antes, a hacer más variedad de cultivos”, explica el productor, quien sembró tres hectáreas de lino y se muestra “muy contento con la recuperación del suelo en las pasturas”.
Considera que, con esta forma de producir, al no usarse fertilizantes sintéticos ni plaguicidas, además se han disminuido considerablemente los costos.
Más de 100 municipios de distintas provincias de la Argentina dictaron ordenanzas municipales de prohibición y/o regulación de las fumigaciones aéreas y terrestres. Las resoluciones fijan normas diversas y de distinto nivel de cumplimiento. Sin embargo, un rasgo común es la creación de franjas de no fumigación en las zonas de borde campo-ciudad que van de los 200 a los 2.000 metros de distancia del casco urbano, donde se prohíben las fumigaciones aéreas y terrestres, generando territorios “libres de agrotóxicos”.
La experiencia en la localidad La Criolla es un ejemplo de que, con apoyo del Estado, los productores pueden hacer efectiva una producción económicamente viable y ambientalmente sustentable
Arroz agroecológico
La cooperativa “El Progreso” de San Javier, provincia de Santa Fe, lleva adelante el proyecto de “desarrollo y multiplicación del cultivo y producción del arroz agroecológico en la Agricultura Familiar”.
La unidad productiva está conformada por agricultores familiares que buscan en el arroz una alternativa complementaria a lo que vienen produciendo, sea ganado bovino, frutas o dulces. El arroz agroecológico que cultivan es de las variedades Yamaní y Jazmín (aromática) y es de muy buena calidad. La comercialización es en formato integral y pulido, directamente a los consumidores, a través de redes de comercio justo y de mercados solidarios.
En lo que va de 2014 se cosecharon y procesaron más de 10 mil kilos de arroz integral agroecológico, de los cuales el 80% es de variedad Jazmín. El costo total de producción fue de 3 $/kg y se vendió a 20 $/kg. “Nos cambió la vida, no damos abasto con la demanda”, resalta Jorge Barrios uno de los miembros de la cooperativa.
El Progreso recibió recientemente más de $ 980 mil de parte de la SAF y los invirtió en herramientas, maquinaria e infraestructura para mejorar la producción, la industrialización y la comercialización del arroz y otras producciones agroecológicas. Durante la visita de los técnicos, se discutió la posibilidad de agregar valor produciendo harina de arroz y manufacturas.
En la zona de San Javier se cultivan unas 40.000 hectáreas de arroz convencional en grandes extensiones y con pocas empresas, con uso de fumigaciones aéreas para la lucha contra diversas plagas y el procesamiento del grano se realiza fuera de la zona. Por ese motivo la propuesta de la SAF fue la de potenciar experiencias como la de la Cooperativa El Progreso, ya que promueve el arraigo y conserva los recursos naturales.
Nuevos controles para nuevos peligros
Tradicionalmente, las sustancias químicas que pueden estar presentes como contaminantes en las materias primas agrícolas con destino a la alimentación humana se definían de acuerdo al uso agrícola de las mismas, como por ejemplo plaguicidas. Desde hace algunos años y desde el punto de vista de los riesgos para la salud que pueden ocasionar, se los ha agrupado también con denominaciones relacionadas con los efectos tóxicos que pueden causar.
Esta definición abarca muchos otros compuestos químicos con aplicaciones diferentes a las de los agroquímicos y también procedentes de contaminaciones ambientales e industriales, como las dioxinas. Actualmente se denomina Disruptores Endócrinos a aquellos compuestos que producen modificaciones en el metabolismo celular que pueden alteran los efectos de las hormonas, afectando la regulación que éstas producen, pudiendo generar en los individuos efectos negativos en el desarrollo, la reproducción, la inmunidad y daños neurológicos. Las hormonas son sustancias que regulan el metabolismo celular y, así, todo el funcionamiento de un organismo vivo, tanto en vegetales como en animales.
En el caso de los plaguicidas se ha descubierto que los efectos de la acción de algunos de ellos se explican por alteraciones epigenéticas. La epigenética se refiere a cambios hereditarios que se producen en la forma en que los genes transmiten su información al interior de las células, sin que estos cambios impliquen modificaciones en el ADN. Estos cambios pueden suceder naturalmente, pero también ser influenciados por factores externos, y en esos casos puede tener inclusive efectos más nocivos que los cancerígenos tradicionalmente conocidos.
Concretamente, los últimos descubrimientos relacionados a los plaguicidas y su toxicidad crónica van más allá de los que hasta ahora estaban identificados con la posibilidad de generar cáncer en forma directa o por su “teratogenicidad”, la capacidad de producir alteraciones durante la gestación por la contaminación de la madre. Los cambios epigenéticos descubiertos recientemente causados por plaguicidas (y otras substancias químicas) producen alteraciones que pueden heredarse hasta tres generaciones. En este caso afectan principalmente al aparato reproductor masculino produciendo baja de fertilidad por diversos efectos que afectan el desarrollo de los órganos reproductivos masculinos y su capacidad sexual. Estos efectos de disrupción endocrina se producen alterando la forma en que se transmite la información genética del ADN para regular el metabolismo celular, pero con la característica novedosa de que son transmisibles a las siguientes generaciones, cosa que hasta ahora no se imaginaba.
La Naturaleza nos sorprende despertándonos de nuestra molicie intelectual, acostumbrada a instalarnos en algunos paradigmas que nos hacen sentir que ya sabemos casi todo lo necesario para dominarla. El impacto que causaron estos descubrimientos y su novedad de afectar al sexo masculino en su capacidad reproductiva generó una rápida respuesta de los legisladores europeos, y dio origen a varias acciones concretas de revisión de las evaluaciones de riesgo de los plaguicidas y de la creación de una normativa comunitaria que estableció por primera vez la obligatoriedad de los Estados miembro de contar con planes nacionales de monitoreo de los residuos de plaguicidas. La Argentina y el Brasil ya hace algunos años que están monitoreando estos residuos, si bien aún no se han establecido por parte de la Unión Europea los requisitos para los terceros países, es decir aquellos que les venden productos agrícolas, en este caso similares a los que forman parte de los planes nacionales de monitoreo.
Es de esperar que una vez que la Agencia de Seguridad Alimentaria de la Unión Europea consolide las evaluaciones de los resultados de estos estudios realizados durante los últimos años, se establezcan estos requisitos y a la vez tengamos mayores informaciones sobre los riesgos que pueden tener los consumidores locales, y cómo prevenirlos.
FUENTE: camposur.miradasalsur.com.ar
