CHRISTIAN LANATTA Y VÍCTOR SCHILLACI FUERON RECAPTURADOS EN CAYASTÁ
Los prófugos estaban ocultos dentro de un galpón de un molino arrocero. Fueron descubiertos por un empleado al que tomaron como rehén. Minutos después fueron detenidos por agentes de las TOE y policías de Cayastá.
Martín Franco, un empleado del molino arrocero Cayastá, intuía que algo podía pasar.
Su primera luz de alerta se encendió el sábado cuando, no muy lejos del establecimiento donde él trabaja, se produjo la captura de Martín Lanatta, uno de los evadidos del penal de General Alvear.
Atento a estos hechos (los compinches de Lanatta aún permanecían en condición de prófugos) y siguiendo su propio instinto, Martín ese mismo día fue hasta el molino y retiró la camioneta con la que habitualmente cumple sus tareas.
Esta mañana, el joven se dispuso a cumplir con el mandato que le había dejado su patrón (ausente por vacaciones) de efectuar las tareas de control del lugar. Pero no fue en la camioneta. Aconsejado por su mujer, Lourdes, optó por ir en su propia motocicleta.
Ya en camino hacia el molino Martín tomó la decisión más acertada de su vida: hizo una parada en la comisaría 5ª de Cayastá y pidió que algún uniformado lo acompañe a efectuar la requisa. Los oficiales le dijeron que vaya primero, que ellos lo seguirían de cerca.
Martín recorría el predio cuando advirtió que el portón de uno de los galpones estaba entreabierto. Pero ni bien se asomó dos hombres le salieron al cruce. Los intrusos eran Christian Lanatta y Víctor Schillaci, los dos condenados por el triple crimen de General Rodríguez que permanecían prófugos desde el 27 de diciembre último.
Agua y comida
“Los dos hablaban, me decían que si me portaba bien con ellos, no me iba a pasar nada. Los dos estaban armados, tenían armas largas y 9 milímetros. Pero siempre me trataron bien”, detalló Martín, el hombre que permaneció cautivo en manos de los delincuentes.
Martín contó también que Lanatta y Schillaci lo sorprendieron cuando estaba ingresando a su lugar de trabajo, el molino arrocero Spalletti, y si bien afirmó que los reconoció “enseguida”, dijo que “se hizo el tonto” para no correr riesgos. “Me di cuenta enseguida, pero me hice siempre el tonto como que no los conocía, que no sabía nada. Y ahí pasó que me llevaron para adentro”, dijo.
Siempre estuvo en claro que los rufianes estaban en son de paz. “Me pidieron agua y comida”, refirió Martín, quien agregó que si bien los sujetos estaban armados, en todo momento apuntaron hacia el suelo. “Después me hicieron sentar con ellos y nos pusimos a conversar”.
A todo esto, los policías de Cayastá ya habían advertido que algo anormal estaba sucediendo. La novedad no tardó en llegar a oídos de las Tropas de Operaciones Especiales (TOE) quienes de inmediato armaron un operativo.
Cuando los policías de este grupo de elite irrumpieron en el lugar hallaron a Lanatta y Schillaci conversando con el empleado. Los malvivientes se entregaron sin ofrecer resistencia. “Es como que estaban esperando este momento”, dijo hoy uno de los oficiales que intervino en la operación.
Estaban cerca
Christian Lanatta y Schillaci fueron recapturados a unos 500 metros de donde había sido detenido el sábado Martín Lanatta, aunque 45 horas más tarde que su cómplice.
Según la Policía, tenían un fusil FAL con 20 municiones calibre 7.62 y estaban “abatidos” por el cansancio.
FOTO: San Javier en Reflejos
FUENTE: Diario El Litoral
