“Sorprendido de la cantidad de gente y como se vive la Fe aquí”
Sostuvo el diácono Franco Martín Houriet, tras la celebración de la procesión y Misa de la Solemnidad de la Inmaculada Concepción, realizada ayer en nuestra ciudad.
La procesión partió a las 19.30 hs., desde el Santuario San Francisco Javier, hasta el acceso sur a la ciudad donde se celebró la Santa Misa. La misma fue presidida por el vicario Eduardo Ríos, acompañado por el sacerdote Armando Cattaneo y el mencionado Diácono.
“Aquí viven la Fe de una manera muy linda, que yo no conocía, eso también alimenta la Fe, no la vivimos solo, la vivimos con los demás, y nos alimentamos mutuamente también y Dios nos acompaña siempre y a María de un modo especial por la misión que le toco”, sostuvo el Diácono en parte de la homilía.
Cada 8 de diciembre la Iglesia Católica celebra la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María.
Se trata de una celebración de enorme trascendencia para los cristianos, en la que se recuerda, con gratitud y alegría, el designio divino por el que la Madre de Jesús quedó preservada del pecado original desde el momento mismo de su concepción.
Un poco de historia
La Iglesia ha preservado desde sus inicios la certeza de que María es “Inmaculada”, es decir, en ella no hay pecado.
Es a mediados del siglo XIX que el Papa Pío IX, después de recibir numerosos pedidos de obispos y fieles de todo el mundo, en comunión plena con toda la Iglesia, proclamó la bula “Ineffabilis Deus” (Dios inefable) con la que queda decretado este dogma mariano:
“Que la doctrina que sostiene que la Beatísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús, Salvador del género humano, está revelada por Dios y debe ser por tanto firme y constantemente creída por todos los fieles…» (Pío IX, “Ineffabilis Deus”)
El día elegido para la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción fue el 8 de diciembre de 1854. En aquella ocasión, desde Roma fueron enviadas cientos de palomas mensajeras portando el texto con la gran noticia. Se cree que unos 400 mil templos católicos alrededor del mundo repicaron campanas en honor a la Madre de Dios.
Unos tres años después (1857), en Lourdes (Francia), la Virgen María se le apareció a una humilde pastorcita, Santa Bernardita Soubirous, en repetidas oportunidades. En una de ellas se presentó a sí misma con estas palabras: “Yo soy la Inmaculada Concepción”.
Actualmente son miles los templos -distribuidos en los cinco continentes- que están dedicados a “la Inmaculada”; y millones los fieles que a Ella profesan particular devoción.
Fuente: ACI Prensa – San Javier en Reflejos


