AMIGO DEL TIEMPO PARA QUE LA AMISTAD CREZCA EN EL TIEMPO
En el Día del amigo, en cuya jornada se enfatiza la amistad como virtud de la persona, ya que fue creada para recordarnos la importancia de los amigos y de la unión entre las personas de todo el mundo, queremos compartir la reflexión que nos ha enviado el sacerdote sanjavierino Marcelo Blanche.
¡FELÍZ DÍA PARA TODOS LOS QUE VISITAN NUESTRA PÁGINA!
Invito al tiempo a ser mi amigo para descubrir el regalo de la amistad que en el tiempo voy descubriendo, valorando y profundizando. No quiero que el tiempo solo sea algo que envejece, que se escape como agua entre las manos o cause nostalgia al recordar lo pasado. Quiero saborear su bondad cuando en el dicho popular se afirma: “El tiempo sana las heridas”; quiero descubrir su fortaleza sabiendo que, cuando ocurre algo que me duele, me puedo levantar y decir: “No hay mal que por bien no venga”; quiero valorar su esperanza cuando, ante situaciones que oprimen, puedo afirmar: “No hay mal que dure 100 años”; quiero encontrarme con la Verdad y por eso dejo que el tiempo destruya lo superfluo y pasajero haciendo aparecer con todo su esplendor lo que permanece y da sentido a la existencia.
Desde la realidad del tiempo quiero homenajear la amistad, la riqueza de contar con amigos con los cuales se descubre la alegría de vivir y celebrar la vida. Y justamente desde una celebración con amigos, la amistad transita el tiempo, con sus años, siglos y, nosotros lo podemos decir, los milenios, sin dejarse envejecer cuando los achaques aparecen, ni quedar de lado cuando los problemas irrumpen provocando malestar y enojo.
Con una mesa como escenario, el pan como alimento y la vida como donación hasta la muerte si es necesario, la amistad encontró en el tiempo ese aliado para hacer que la vida celebrada no quedara encasillada en un momento histórico, ni que sea propiedad solo de algunos. En la víspera de su pasión y muerte, dejando el mandamiento del amor y llamando “amigos” a sus apóstoles, Jesús celebra la eucaristía para quedarse en medio nuestro, enriqueciendo a la amistad más allá de las traiciones y negaciones con que muchas veces tratamos de empobrecerla.
Como anticipo en la última cena y plenificada en los encuentros que provocó con los apóstoles después de resucitado; con Jesús el amor se hace historia; la eucaristía se convierte en un puente desde nuestra memoria hacia el nuevo día y la amistad es el lugar donde se profetiza la utopía de la comunión por encima de las diferencias, provocando el escándalo del compartir, cuando el egoísmo y el consumismo se instalan en las personas.
Abriendo su corazón de amigo al ponerse de rodillas ante los discípulos en la última cena para lavarles los pies, mostrando las heridas de su pasión ante la incredulidad de los apóstoles y preparando una comida sobre la arena para comer junto con sus amigos, Jesús hace de la amistad un estilo de vida donde los títulos y privilegios quedan de lado porque el servicio está ante todo: “Si yo que soy el Seños y el maestro les he lavado los pies, también ustedes deben hacer lo mismo” (Cfr. Jn. 13, 14). El dolor ante las ofensas y desprecios se transforma en opotunidad para mostrar que el amor es lo que permanece y supera todas las traiciones, para que el anuncio del perdón y la reconciliación sea posible y conduzca a la paz (Cfr. 20, 19-23). No importa el lugar, cuando una mesa, una comida y la amistad se encuentran, provocando en las personas esa alegría de compartir lo que cada uno tiene, porque cada uno tiene algo importante para ofrecer, tiempo para compartir y decisiones que tomar. (Cfr. Jn. 21, 4-13).
“El tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos…”, perdiendo mucho de lo que pensamos era esencial para nuestra vida; hechos y situaciones que solo están guardadas en nuestra memoria y cosas que solo nos ayudaron durante un tiempo. Sin embargo, apostando a la paradoja de: “perder para ganar” descubro que, a medida que pasa el tiempo, necesito de menos cosas para vivir porque se va acrecentando esa amistad, surgida hace algún tiempo, años en algunos casos, que me invita a celebrar la vida a pesar de tantas situaciones dolorosas, sabiendo que la experiencia de la amistad no tiene precio, solamente tiene ese tiempo, tan escaso para el que solo quiere usarlo para producir; pero tan bondadoso para el que lo transita rodeado de amigos con los cuales vive cada momento como oportunidad para agradecer el regalo de la vida, en la medida que es compartida.
Quiero terminar esta reflexión con unos pensamientos que fueron escritos hace mucho tiempo, pero no dejan de ser actuales, al contrario, en el tiempo fueron adquiriendo más valor, porque la verdad, en el tiempo se enriquece. Son algunos versículos del libro del Eclesiástico:
“El amigo fiel es seguro refugio, el que lo encuentra, ha encontrado un tesoro.
El amigo fiel no tiene precio, no hay peso que mida su valor.
El amigo fiel es remedio de vida, los que temen al Señor le encontrarán.
El que teme al Señor endereza su amistad, pues como él es, será su compañero.” (Eclo. 6, 14-17)
Desde el altar donde voy a celebrar la misa este 20 de julio, descubriendo y encontrando en la eucaristía ese amigo que da la vida por todos, voy rezar por todos mis amigos, para que esta riqueza nos ayude a hacer la acción de gracias por el regalo de la vida, que se enriquece en el tiempo con los amigos y, más allá de las distancias, mantiene la comunión entre todos.
Un abrazo.
Padre Marcelo Blanche.
