«San Cayetano nos llama a confiar: Seamos la mano de Dios para el que necesita'»
San Javier vivió este viernes 7 de agosto una jornada de profunda fe y devoción con la celebración de la Fiesta Patronal de San Cayetano, patrono del pan y del trabajo. Una importante cantidad de fieles participó de la procesión y de la Santa Misa celebrada en la ermita ubicada en el cruce de las rutas provinciales 1 y 39.
La celebración comenzó con la procesión desde el Santuario San Francisco Javier y luego se celebró la misa, bajo el lema “San Cayetano, intercede por nosotros y por todas nuestras necesidades”.
Durante la homilía, el padre José Luis Lovato propuso a los presentes mirar la vida de San Cayetano no solamente como la de un santo al que se le pide por trabajo y pan, sino también como un ejemplo de confianza en la providencia y de compromiso con quienes más necesitan.
Un santo que eligió servir
San Cayetano de Thiene nació en 1480 en una familia noble de Thiene, Italia. Estudió Derecho y llegó a trabajar en la corte pontificia, pero posteriormente eligió el camino sacerdotal y dedicó gran parte de su vida al servicio de los pobres y enfermos. En 1524 fundó junto a otros sacerdotes la Congregación de los Teatinos y desarrolló una intensa tarea pastoral y social. Murió en Nápoles el 7 de agosto de 1547 y fue canonizado en 1671.
Su compromiso con los sectores más vulnerables llevó a que fuera recordado especialmente como un hombre de la providencia y de la caridad. En Argentina, su figura quedó fuertemente vinculada al pedido de pan y trabajo, convirtiéndose en una de las devociones populares más importantes del país.
“Si compartimos, ganamos todos”
En su mensaje, el padre Lovato recordó que San Cayetano, a pesar de haber nacido en una familia de buena posición económica, renunció a sus privilegios para ponerse al servicio de sus hermanos.
“San Cayetano vio en los sufrientes el rostro de Cristo”, señaló el sacerdote, destacando su acompañamiento a los enfermos y necesitados.
A partir de ese ejemplo, invitó a la comunidad a revisar la manera en que se vive la fe y a transformar la oración en acciones concretas.
“Tenemos que cambiar de chip en nuestras cabezas y dejar que Jesús nos modele: el compartir. Si compartimos, ganamos todos. A nadie le va a faltar nada, por lo menos lo esencial para vivir”, expresó.
El sacerdote también llamó a confiar en Dios en medio de las dificultades que atraviesan las familias, la sociedad y el país. “Confiemos en la providencia de ese Dios que nunca nos va a dejar solos, jamás”, afirmó.
“La oración sin la obra, ¿de qué nos sirve?”
Uno de los momentos centrales de la homilía estuvo marcado por un fuerte llamado a que la fe se traduzca en solidaridad.
“Podrán decir: ‘Padre, yo rezo’. Está bien. Pero la oración sin la obra, ¿de qué nos sirve?”, planteó Lovato, quien remarcó que asistir a misa, comulgar y confesarse adquiere verdadero sentido cuando permite transformar el corazón y reconocer a Cristo en el otro.
En ese sentido, pidió especialmente por quienes atraviesan una enfermedad, buscan trabajo o tienen un empleo que no les permite vivir dignamente.
“Si realmente descubrimos a Cristo en el corazón del otro, no habría más hambre”, sostuvo.
“Seamos la mano de Dios”
Hacia el final de la celebración, el padre Lovato pidió a San Cayetano que ayude a aumentar la fe y la humildad para confiar en la providencia y abrir el corazón al compartir.
También retomó una frase que, según relató, le había transmitido el obispo durante su toma de posesión: “Vos sos la mano de Dios”.
Y extendió ese mensaje a toda la comunidad: “Yo les digo hoy también a ustedes: son la mano de Dios”.
La Fiesta Patronal de San Cayetano concluyó así con un mensaje que fue más allá del pedido de trabajo y pan: una invitación a confiar, compartir y transformar la fe en gestos concretos de solidaridad, para que cada persona pueda descubrir en el rostro del otro la presencia de Cristo.
Fuente: San Javier en Reflejos
